dilluns, 5 de setembre del 2011

DIEZ ÁNGELES


BUSCO MIS DIEZ ÁNGELES, y no pararé hasta encontrarlos, no son ángeles con alas y corona, son ángeles de carne y hueso, son personas reales con sus problemas y sus errores. Personas que aún no lo saben pero se convertirán en mi destino, mi felicidad y mi vida. Debo encontrarles para poder transmitirles todos mis conocimientos, serán 10 en total, con una decena bastaría. A su vez, cada uno de ellos deberá encontrar diez ángeles más, sus ángeles. Diez para cada uno a los que ayudarán en su camino, sus decisiones y sus pensamientos, creando así una cadena infinita de generaciones mejores que las anteriores, más comprometidas con la sociedad, más respetuosas con el medio ambiente... más felices.

Sé que podré encontrarlos, no tengo prisa, no será fácil pero lo conseguiré. Más difícil será saber de quién soy yo ángel, no puedo fallar, no puedo errar a la hora de elegir a quien seguir, no puedo permitirme perder este tren. Estoy atento a todas las señales, cualquier persona que se cruce en mi camino puede ser la que me va a traspasar, y de forma totalmente altruista y casi caprichosa, todos sus conocimientos... ¿será más joven que yo? ¿será una mujer o un hombre? quizás sea un niño... o un abuelo. Quizás tenga que pasarme toda una vida entera esperando una señal, un mensaje claro y conciso que me confirme que me he convertido en uno de sus ángeles.


SUEÑO CONSTANTEMENTE,
Aunque este texto pueda parecer bañado de misterio y esoterismo, no es así. Soy una persona normal, más bien del montón. Jamás destaqué por ser el más listo ni el más torpe. No me he atreví a hablar en muchos momentos de mi vida por miedo a quedar en evidencia. Durante gran parte de mi vida, casi la mitad de ella, estuve convencido de que era un ser mediocre y sin ningún tipo de futuro destacable. No soy culto, no soy universitario, no domino mi propia lengua materna y jamás me he atrevido a hablar en público.

Quizás sea por todo ello que encuentro en la posibilidad de escribir, una vía de escape para mis sueños. Sueños reales que se repiten día tras día, y su intensidad va en aumento. Ya casi no diferencio si estoy despierto o dormido, siempre vuelve la misma fantasía, y se repite una y otra vez: un mundo mejor, lleno de alegría y positivismo, gente motivada, inteligente, razonable y respetuosa; naturaleza abundante, sana y diversa; pero sobre todo un futuro prometedor, para todos los habitantes de este mundo mejor, sin diferencias entre ricos y pobres, ni entre razas, ni pensamientos, ni creencias, ni sexo, ni orientación sexual, ni procedencia... sin ninguna diferencia. Todos iguales y distintos a la vez. Todos ricos y pobres a la vez. Todos respetuosos con los demás y equilibrados consigo mismos.

Supongo que a mucha gente le habrán aparecido alguna vez en su vida, los síntomas de tal trastorno del sueño, y supongo también que muchos de ellos han conseguido paliarlo, pero en mi caso ha sido del todo inútil. Empecé haciendo mis pinitos escribiendo un libro para mi hija explicándole todas y cada una de las cosas de la vida que iba aprendiendo. Pronto se volvería en una obsesión, cuanto más escribía mejor me encontraba. Cuanto más pensaba en las cosas que le explicaba a mi hija, en lo bien que le iban a ir, cuanto pensaba en lo que tardé yo en descubrirlas y en lo bien que me habría ido que mis padres me ayudaran a conocerlas, cada vez que pensaba en todo ello, acababa escribiendo mucho más. Me sentía bien dejando reflejada mi vida, mis conocimientos y mis experiencias. Sabía que dejaba mi legado más precioso, todo aquello que mi hija, poco más tarde, valoraría como oro en paño.

Cuántas veces me pregunté en cómo sería mi padre!...intentaba recordarlo!. A veces, intentaba imaginármelo haciendo lo mismo que yo con mi hija, escribiéndome de una manera adulta, con mucha ilusión, paciencia, amor, positividad, energía, y si pudiera ser: sin tabúes.
Pero jamás conseguí transformar en imagen mental aquella fantasía de mi infancia, una fantasía poco ambiciosa, sin muchas pretensiones, bastaba con imaginarme a mi padre dedicándome alguna que otra tarde, hablándome como un adulto.

Yo era un niño demasiado joven en ese momento, pero todos sabíamos que tarde o temprano llegaría a ser un adulto, y además bastante complejo. Seguro que mi padre tenía previsto hacerse viejo a mi lado, y cuando los dos fuéramos mayores, contarme muchísimas cosas. Seguro que soñaba en cuidar de mis hijos, sus nietos, ser un abuelo entrañable, y ayudarme en el día a día de la vida familiar… pero una enfermedad acabó con él y se lo llevó para siempre.

Con él, se iría también el abuelo de mis hijos, nuestras charlas, nuestras enseñanzas, nuestros conocimientos, nuestras ayudas, nuestros cariños, nuestras motivaciones, nuestras reflexiones y sobre todo nuestro  ejemplo a seguir para llegar una correcta madurez.

Mi padre pertenecía a la generación de "los hijos del tabaco", una generación maldita, dónde los gobiernos de todo el mundo producían tabaco
(en España todavía lo hacen) y invitaban a través de los medios de comunicación, a sus jóvenes ciudadanos a consumir el mortal veneno. A cambio, no les daban nada más que una mala vida acompañada de una muerte segura. Fue una generación sin futuro, que le tocó destruir el planeta, con la devastación medioambiental y el consumo desmesurado.

Todo ello me llevo a escoger un camino muy claro, decidí luchar por adquirir el máximo de conocimientos y EMPEZAR YA A TRANSMITIRLOS A MI HIJA, AUNQUE TODAVÍA SEA UNA NIÑA, y también a intentar ayudar a toda la gente que me rodeara y me amara para que jamás pudieran perderse todos aquellos conocimientos acumulados. A veces, a nosotros mismos nos pueden parecer conocimientos absurdos o evidentes, pero para las generaciones venideras, pueden ser la clave de un gran descubrimiento, o pueden provocar una revolución, sea como sea, serán el legado más precioso.

Sin duda alguna, mis hijos serán mis ángeles, y ojalá que lo sea también mi mujer, desearía tener hijos biológicos y también adoptados, pero aún faltará para llegar a los DIEZ ÁNGELES. Desde el primer día les hablaré de toda la verdad, sin tabúes, sin secretos, amor, valores, sexo, respeto, drogas, consumo responsable, inteligencia colectiva, absolutamente cualquier tema podrá ser tratado en nuestras numerosas tertulias. Jamás me perdonaría, que se repitiera la historia, que yo pudiera sufrir un accidente o enfermedad repentina y que mis más queridos no llegaran nunca, ni a saber cómo fui en realidad, ni tan sólo a conservar un sólo recuerdo de su padre.

escrito por; Jonathan Díez el 30 de Agosto del 2011.

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